miércoles, 8 de mayo de 2013


Poetas de nuestro Norte:

Ángel compañero

El agua dulce del Queguay es:
mar y llanto, risas y encanto
susurros del alma, nostalgia  y pasión
es fuerza y es calma
es cura y dolor
es ser transparente incoloro
y a la vez pinta el arco iris.
Es calma, paz, energía, pasión,
es fuente de vida, trabajos y sueños,
música, sol y sombras,
dudas, certeza de un Río Andariego (como el de Juana)
al que se entregan muchos…
de los que más quiero…el Corrales,
con su voz bajita se entrega: seguro, confiado, puro y manso.
Creo correrá siempre por tu sangre,
Y aunque de él te alejaras,
Te protegerá como un ángel.

Carmen Duarte
Tambores

jueves, 21 de marzo de 2013


DÍA MUNDIAL DE LA POESÍA
21 de marzo de 2013
Teatro ALSUR organizó una jornada de adhesión en la que escritores leyeron poemas:
José María del Rey Morató leyó dos:
El miedo  
Cerval y humano,
compañero del camino.
Ojos, oídos.
Amenaza, peligro
vida, muerte.
Miedo de morir, sufrir, perder;
miedo de los otros,
del destino.
En el pecho, corazón
pulso, temblores.
Mente.
Parálisis,
respuesta, salto
huida…
Vida, muerte…
Miedo:
conoce derrotas,
teme a la esperanza,
huye del valor.

La orilla de enfrente
Mi mundo terminaba en la orilla:
suben y bajan las filas de olas
traen y llevan sus cargas de arena.
Alargaba la mirada
sobre la espalda del mar
cada vez más lejos, hacia algún allá
hasta el horizonte
o más atrás del rayo verde.
¿Y?
Me costó entender: ningún mar
tiene una sola orilla.
«Mira el Mediterráneo: Italia y Túnez,
España y Marruecos, Egipto y Grecia».
Por qué mi mar moriría una sola vez,
sin tener otra arena que visitar y
mi orilla no fuera 
–para otro y desde su lugar–
la orilla de enfrente.

miércoles, 20 de marzo de 2013


EL INVIERNO QUE SE VIENE  (cuento, 2012)
         La Revista literaria PALABRAS DIVERSAS, en su N.º 40, de 15 de marzo de 2013 - Sección La prosa que no Cesa, publicó este cuento:
El invierno que se viene
–Macachín morado, invierno frío; macachín amarillo, invierno templado –repetía la abuela Elena todos los años en el mes de abril.
Su nieto Eduardo, mientras estuvo viviendo en el campo le seguía la corriente: se fijaba en los macachines y a partir de ahí, observaba cómo se manifestaba el invierno. En poco tiempo, comenzó a darse cuenta de que   los hechos confirmaban unas veces sí, pero otras veces no la sentencia de la abuela. Otra cosa de la que tuvo que enterarse fue de los comentarios de Tono Acuña, un paisano de Piedras de Afilar: en una ocasión en que Eduardo le había comentado que el invierno iba a ser frío y seco –según dijo la abuela, porque el macachín había venido morado–. Tono le preguntó: 
–¿De dónde sacó ese disparate?
Así no más. Y él le contestó: que la abuela Elena sabía que el macachín morado anunciaba que el invierno iba a ser seco y helador, y que si era amarillo, el invierno sería húmedo y benigno.
Después de escucharlo, Tono le dijo:
–Mire: dígale a su abuela que la cosa es así: “macachín morado invierno templado y macachín amariyo invierno friyo”.  ¡Ja, ja, ja! ¡A ver qué dice ahora!
Luego, él había ido y le contó a su abuela. Pero ella, sin molestarse por la burla tan directa, tan personal, tan carente de respeto la tomó como una bobada, entre tantas, del señor Acuña, y dijo, como si el aire hubiera estado esperando su comentario:
–Y ese Tono Acuña: ¿siempre sigue como siempre, tan boca abierta… y tan mamado como su finado padre?

Desde que se había venido a la Capital, para estudiar ingeniería hidráulica, Eduardo se fue dando cuenta de que, como estudiante universitario, no quedaba bien andar repitiendo esos dichos, no tanto por lo que pensara la gente de la Universidad, nombrada así, con todas sus letras, sino más bien por la actitud de esa otra gente que levantaba el estandarte de la “universidad de la calle” y presumía de sus conocimientos, adquiridos fuera de las aulas y del alcance de la ilustración de los docentes. Esa gente –la de la universidad de la calle– cultivaba la costumbre de hablar alto y hablar mucho, se sentía como obligada a una lucha diaria con el saber establecido, superior, que emanaba de los claustros universitarios, y en esa lucha, una actitud obligada  era llamar la atención estentoreamente, podría decirse.
Por eso tuvo que poner distancia entre aquellas viejas sentencias que afloraban todos los días en las conversaciones de la gente. La verdad es que ahora, tantos años más tarde, no recuerda, o nunca supo, cómo fue que había terminado aquel contrapunto entre la abuela y el señor Acuña.
No obstante, cada vez que se descuidaba seguía escuchando, en algún rincón de su cabeza seguía escuchando, el sonido de las palabras de la abuela.
–Cuando yo era chica salíamos al campo y recogíamos macachines morados. Yo arrancaba una flor y mordía el tallito largo y finito: tenía un gusto medio ácido, así más o menos como si chuparas un limoncito.

Una tarde de finales del invierno, Eduardo pasó por el apartamento de una estudiante de arquitectura: habían quedado en ir a ver una película en 3D. Le llamó la atención la ropa de la muchacha: le pareció liviana para la época.
–¿Con ese saquito de lana? ¿Y si llueve? Llevate una campera.
–Frío no voy a pasar: abajo tengo otro buzo. Además no va a llover. En Semana Santa, cuando estuve en el campo, estaba lleno de macachines morados. ¿Nunca oíste decir: «macachín morado invierno frío»? Invierno frío, llueve poco, ¿ta?
Después de ver la película, se tomaron un refresco nuevo, que tenía un gustito parecido al de un limón.
____________
Este cuento salió publicado en la antología Una Mirada al Sur - 2012 - Tomo I, Buenos Aires, Ediciones Pasión de Escritores, 2012, pp. 146-147.


miércoles, 21 de noviembre de 2012


CERRO CAMBARÁ DEL QUEGUAY
Paysandú, domingo 28 de octubre de 2012
 EL TELÉGRAFO ♦ 21
[...]
            Una vez más, el autor nos atrapa con sus relatos (¿memorias?) de la zona del Queguay, como lo hiciera en Vidas y leyendas en la costa del Queguay. Lo interesante de este autor es que el relato trasciende la anécdota. Tiene una precisión al describir paisajes, lugares, como un orfebre o ebanista que talla hasta el último detalle su pieza.  Nos atrapa con la descripción de los aperos, el lenguaje rural local, los vocablos del portuñol, las supersticiones como "cortar la tormenta con el hacha" (Hacha grande), el conocimiento que tiene del monte, la geografía, la fauna y la flora que rodea a muchos de sus personajes. Así recrea las vivencias de su tiempo de adolescente y juventud, la época de estudiante, cuando para estar tranquilo y estudiar viajaba "al campo" con los libros bajo el brazo o en una "maleta", aventura que implicaba descubrir un "mundo nuevo".
                                                                                [...]
            Para quienes viven en ciudad, estos relatos los introducen en ese mundo rural, pleno de soledad, pleno de magia, que no es magia imaginaria, sino "realismo mágico" al estilo de García Márquez; porque allí están las estaciones "Los Merinos", "Tres árboles" con sus peculiaridades y entornos.
            Respecto a la credibilidad de lo narrado, queda por cuenta del lector, así como la capacidad del escritor para atraparnos en ese mundo. No olvidemos que de un narrador, es la ficción literaria. La artesanía que tenga nos llevará a su mundo por la coherencia de lo narrado, lo ameno con lo que nos va envolviendo.
[...]

BYBLOS

jueves, 8 de noviembre de 2012


Con la publicación de Cerro Cambará del Queguay se pretende completar el ciclo comenzado con Vidas y leyendas en la costa del Queguay  (2008).

La narrativa registrada en ambas obras recuerda o recrea  sucesos y sucedidos de un lugar poco conocido, bastante misterioso. Y de un tiempo, que arranca muchos años atrás y logra llegar a nuestros días.

miércoles, 10 de octubre de 2012


 
Día del Patrimonio 2012, 6 y 7 de octubre.
"El lenguaje de los uruguayos".
         Los uruguayos no hablamos mal el español. Hablamos una variante que es el lenguaje de los uruguayos. Con algunas voces que no están en el DRAE, otras que aparecen como argentinismos y otras que figuran en el reciente diccionario de 10.000 voces del español en el Uruguay. Otras veces se usan con distinto contenido o significado.
Topónimos, voces y dichos en la obra de José María del Rey Morató, Vidas y leyendas en la costa del Queguay, Montevideo, 2008.
I - TOPÓNIMOS
* los números que figuran entre paréntesis indican las veces que el topónimo aparece en el texto.
Arroyo Corrales. (3) *
Arroyo de los Corrales.
Arroyo Gualeguay.
Arroyo Ñacurutú.
Artigas.
Avenida 18 de julio.
Bagé.
Buenos Aires.
Camino real.
Canadá.
Cañada de las Tierras Blancas.
Cañada del Sauce Solo.
Cerrito.
Cerro Cambará.
Cerros chatos.
Costas del Queguay.
El Queguay. (2)
Entre Ríos.
Escocia.
Estación de Los Merinos.
Inglaterra.
Isla de las Calagualas. (2)
La Capital.
La Costa del Queguay. (2)
La margen izquierda del Queguay.
Las Misiones.
Meseta de Fondo Grande.
Minas de Corrales.
Montevideo. (6)
Paso de García.
Paso de los Toros. (2)
Paso del Sauce del río Queguay. (2)
Paso del Sauce. (2)
Paysandú, cementerio viejo.
Paysandú. (4)
Picada de los Cerros.
Picada del arroyo de los Corrales.
Potrero Cambará.
Potrero Ceibo de los Cerros.
Potrero Mudador. (2)
Potreros del Queguay. (3)
Pueblo de Los Merinos.
Queguay Chico.
Queguay Grande. (5)
Quinteros.
Río Grande do Sul.
Salto.
Tacuarembó.
Uruguay.
 

II - VOCES
Alpargatas.
Asunto, por tema.
Bolazos.
Bombachas de gaucho.
Bombilla.
Botella.
Cabortero
Cabresto.
Caldera de latón.
Caldera de zinc de tropero.
Cambote.
Campera.
Canchero.
Chajá.
Chamamé.
Charrúa.
Cimarrón.
Clavijeras, (telefonistas.)
Comercio de ramos generales.
Cuatreros.
Culero.
Dos de Oro.
Galleta de campaña.
Gurisito.
Hacer mediodía.
Hornero, (ave.)
Horqueta.
La Defensa.
La doma.
La seca grande.
Las Teresas.
Lentes, por gafas.
Macachines.
Manga de langostas.
Manija, (de teléfono.)
Manopelada.
Mate.
Matreros.
Mío-mío.
Mistura.
Mormazo.
Nutria, (No la europea que es el lobito de río.)
Ñacurutuses.
Ñapindá.
Orientales, por uruguayos.
Pago, por pueblo.
Pajonal.
Paraíso, (árbol.)
Pariente, por familiar.
Pava de monte.
Peso, (ninguno tiene un peso.)
Piquete.
Porongo.
Posamate.
Puma.
Rancheras.
Rodeos.
Sariema.
Sillón, por sofá.
Tapera.
Termo.
Terutero.
Tílburi.
Tropero.
Xote.
Yerba.
III - DICHOS

         Oraciones que no pueden tomarse al pie de la letra.

1.     Dale que dale. (p.77)

2.     De buenas a primera. (p.40)

3.     El hombre quedó picado. (p.73)

4.     En una de esas todavía les da por... (p.61)

5.     Fulano es oro en polvo. (p.44)

6.     Le dé una mano que andaba precisando. (p.66)

7.     Los curtirá a palos. (p.44)

8.     Meter pechera. (p.59)

9.     ¡Mirá si me iba a perder todo esto! (p.38)

10.       Negro y chiquito como cabito e'vela. (p.49)

11.       No es oro todo lo que reluce. (p.44)

12.    ¡No pasó nada! (p.41)

13.       No tiene pies ni cabeza. (p.76)

14.       Nunca se vio nada igual. (p.61)

15.       Parar la oreja. (p.44)

16.       Quedaron mal parados. (p.37)

17.       Quedó incorporado al inventario. (p.50)

18.       Se está mandando la parte. (p.19)

19.       Semejantes bolazos. (p.73)

20.       Sin ton ni son. (p.77)

21.       Tenemos que apretarnos el cinturón. (p.27)

22.       Tiene una punta de años. (p.79)

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Psicólogo Daniel Corlazzoli

Octubre de 2012

miércoles, 20 de junio de 2012


Hace ciento cuarenta años


“LOS TRES GAUCHOS ORIENTALES, COLOQUIO ENTRE LOS PAISANOS JULIÁN GIMÉNEZ, MAURICIO BALIENTE Y JOSÉ CENTURIÓN”

Antonio D. Lussich, imprenta de La Tribuna Popular, Buenos Aires, 14 de junio de 1872.


                                 Yo tuve ovejas y hacienda,

Caballos, casa y manguera;

Mi dicha era verdadera…

¡Hoy se mi ha cortado su rienda!... 

El autor tenía veintidós años cuando entró en la Revolución de las Lanzas (1870-1872), la recordada montonera en que los insurrectos “blancos” dirigidos por el caudillo Timoteo Aparicio se levantaron contra el presidente “colorado” Lorenzo Batlle. Lussich peleó en las batallas de Paso Severino, Corralito, Cerro, Unión, Sauce y Manantiales.

Después de la Paz de Abril de 1872, el autor emigró a la ciudad de Buenos Aires. Conoció a José Hernández, quien lo estimuló a publicar los versos que le había dado a leer. Cuando Lussich publica Los tres gauchos orientales lo dedicó a J. Hernández.

La obra está ubicada en las circunstancias del cese de la Revolución de las Lanzas. El tema es el sufrimiento de los gauchos orientales-soldados revolucionarios, el mal pago recibido por los “servicios” en la revolución, su desconfianza en el arreglo de la paz y el trabajo mezquino y tramposo de los “politiqueros”.

Lussich escribió poesía –cuartetas, décimas y versos romanceados– en cuyas estrofas dialogan los paisanos. Comenzó a escribir esos versos en el campamento, aunque la mayor parte de la obra fue escrita después de la paz, en unos dos meses; y la sacó de la imprenta en junio de 1872. Seis meses más tarde aparece el Martín Fierro de José Hernández.

La crítica ha comentado, más de una vez, la cuestión de las influencias entre ambos autores.

La verdad es que los dos poemas son diferentes: el Martín Fierro es una construcción literaria mayor, en varios sentidos, que definió para siempre una imagen del arquetipo del gaucho de las pampas.  Los tres gauchos orientales, en cambio, no pretendió ir más allá de las circunstancias que llevaron a su autor a escribirlo y, por eso, es una expresión más pequeña y espontánea que logró sacar del alma de los revolucionarios, la voz ronca y humilde del gaucho “oriental”.

En esa línea, sobre el final de su obra, Lussich sugiere:

Entre blanco y colorao

Han de morir los rencores,

Se olvidarán los colores

Que tanto daño han causao…

José María del Rey Morató

                                                       Uruguay